Del Whatsapp a la Paz.
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| "Date el lujo de ser el mensaje distinto." |
Por el P. Miguel A. Bruchmann
Reflexión para el XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario (2025).
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Mal 3,19-20a
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Sal 98 (97), 5-6.7-8.9
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2 Tes 3,7-12
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Lc 21,5-19
Dicen por ahí que sólo hay algo más temible que un lunes… ¡el grupo de padres en WhatsApp! : cien mensajes para decidir si el viernes van con camiseta blanca o azul, y nadie lee el primer aviso. Algo parecido nos pasa con el Evangelio: hay tanto ruido, tantas alertas, que lo esencial se pierde. Hoy Jesús habla de templos que caen, de guerras, de noticias inquietantes. Y, sin embargo, no quiere asustarnos; quiere desactivar el miedo. En medio del ruido nos regala una frase de oro: “Con su perseverancia salvarán sus almas”.
Perseverar no es apretar los dientes y aguantar por orgullo. Es seguir el bien cuando el mal hace más ruido. Es trabajar con dignidad cuando otros eligen atajos. Es cuidar la esperanza cuando el ambiente se pone áspero. Pablo lo baja a tierra: no vivir del esfuerzo ajeno, sembrar lo que luego esperamos cosechar. La fe no es escapismo; es responsabilidad amorosa con lo cotidiano.
La primera lectura nos regala una imagen para el corazón: no se trata de negar la noche, sino de esperar al “sol de justicia” que trae salud en sus alas. Ese Sol es Cristo. No encandila: calienta y cura. A su luz aprendemos el arte simple de estar presentes. ¿Cómo? Bajando el volumen de las discusiones inútiles para escuchar de verdad al que tengo delante. Dejar el celular boca abajo en la mesa. Elegir una palabra menos ingeniosa pero más amable. La paz cristiana no es anestesia: es un músculo que se entrena en lo pequeño.
Por eso, más que espectadores resignados, estamos llamados a ser activistas de la Paz —a la usanza franciscana, instrumentos de paz—. No un pacifismo ingenuo, sino una decisión práctica que baja la temperatura del mundo. Responder sin sarcasmo en ese chat que viene caldeado. Pedir perdón primero —aunque “no me toque”—. Tender un puente entre dos que se dejaron de hablar. Elegir verbos que curen antes que etiquetas que lastimen. Cuando hacemos eso, Jesús cumple su promesa: “Yo les daré una boca y una sabiduría”. La paz no es un sentimiento; es un oficio.
Quizá llegaste con preguntas pesadas: “¿Y si todo se derrumba? ¿la Iglesia, la economía, la familia, el país…?”. El Evangelio no promete inmovilismo; promete fidelidad. El templo puede caer; el amor de Dios no. Por eso, en medio del ruido, elegimos perseverar. No para salvar la imagen, sino para guardar el corazón. El mundo necesita gente que, sin espectáculo, mantenga encendido el fuego manso del bien.
Así que, cuando esta semana el grupo de WhatsApp (o la vida misma) estalle —porque va a estallar—, regalate el lujo de ser el mensaje distinto: el que baja un cambio, el que busca acuerdo, el que pone humor sin burlarse, el que ofrece una salida. Eso también es evangelizar. Ahí el “sol de justicia” encuentra en vos una ventana abierta.
Perseverá. Sé instrumento. Y dejá que el Señor haga el resto.
Que tengas Paz.
+Miguel



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